Si quieren cemento y chanchullos vénganse aquí, pero dejen La Tejita tranquila

Las cifras son elocuentes, me gustan, los malintencionados no las pueden tachar de absurdas y sentimentales. Así que hablemos con ellas.

Sólo a Tenerife vienen más de 4.500.000 de turistas al año. Que generan también al año (según las fuentes más moderadas y además yo me he tomado la libertad de redondear bastante a la baja la cifra) 3.000 millones de euros. Otro dato, los tinerfeños no somos ni 900.000.

Así que hablemos con lógica matemática y déjense de cuentos. Tenerife no necesita más turistas y ya hemos visto que sus ingresos no parecen repartirse del todo bien entre los tinerfeños.

Novecientos mil habitantes soportamos, sonreímos, servimos cafés, limpiamos las camas y compartimos nuestros escasos acuíferos (para cosas tan imprescindibles como campos de golf en Adeje) con una población flotante de cuatro millones y medio de turistas. Así que con esta sencilla ecuación sobre la mesa, déjenme que les repita por qué protestamos. No lo hacemos por joder, ni por amor indígena a la madre naturaleza. Lo hacemos porque ustedes dicen que necesitamos lo mismo que dijeron que necesitábamos en los setenta, en los ochenta, en los noventa y antes de esta crisis que nos ha pasado por encima. Y ya hemos visto los resultados. Ustedes dicen que necesitamos repetir para obtener otros resultados: más turismo, más hoteles y más “inversión en hostelería”. Ustedes mienten.

Tenerife no necesita más hoteles, no necesita que sigan destrozando nuestro maltratado litoral con “inversiones”, sin importar el tiempo que haga que las tenían apalabradas con sus amigos. Tenerife necesita modernizar su infraestructura hotelera y asegurar que su beneficio se queda en la isla. Tenerife necesita optimizar su industria turística, optimizar, que sé que les encanta esa palabra.

Y necesita conservar su medio ambiente, no ya para el turismo, sino para los tinerfeños, que algo tendremos que decir en toda esta murga en la que han convertido nuestro desarrollo económico.

Así que guárdense las obras apalabradas y los cuentos, amantes de las cinco estrellas y las desiertas explanadas comerciales. Si quieren cemento y chanchullos, si tienen a deber y cobrar favorcillos por debajo de la mesa, incluso si sólo quieren dinero a cualquier precio, vénganse aquí. Dejen tranquila a La Tejita, dejen tranquila ya a nuestra costa, y búsquense al menos un cuento distinto.

Artículo de opinión de Abián, militante de Jóvenes por la Movilización residente (temporal) en Madrid.

 

 

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